sábado, 19 de abril de 2008

Siniestro total



Siniestro total

Así ha quedado mi coche tras el retorno de las últimas vacaciones. Un fatídico accidente del que ya no merece la pena buscar culpables:

- Se debió a ese conductor inquieto que no comprobó su espejo retrovisor antes de cambiarse al carril de la izquierda de la autovía?
- Quizás a mi excesiva velocidad al circular por ese carril justo en ese momento, a 145km/hora?
- O fue aquél trozo de barrera guardarrailes en mal estado, que tenía un extremo doblado endiabladamente hacia la carretera....

No lo sé, quizás la suma de todos los pequeños eventos, eso que llamamos, el "destino", quiso que me percatara tarde de la incorrecta maniobra de aquel señor, y la reacción no fuera otra que apartarme de su trayectoria para evitar el choque desviando el volante hacia la barrera izquierda. Quién iba a pensar que unos pocos metros más adelante, un sobresaliente defectuoso de la barrera fuera a incrustarse sobre el guardabarros de mi rueda delantera, fatídico suceso que a modo de pértiga golpeó el coche modificando drásticamente la trayectoria por un desplazamiento lateral hacia el lado opuesto.

Es una fracción de segundo, ¿cómo reaccionar?... los brazos, las manos se atenazan, apenas te has dado cuenta ya ha sucedido todo. Mantener toda la fuerza sobre el volante para intentar en vano mantener la trayectoria,... pisar el freno desesperadamente por si el ABS consiguiera detener aquella tonelada de acero proyectada hacia no se sabe dónde...

Sería aquel primer golpe seco el que me dañó el cuello, no sentí dolor, pero sí cómo se me nublaba la visión, mas sólo para conseguir ver a modo de túnel trozos de cristal de un lado a otro, y poco más que la carretera girando como si de una atracción de feria se tratara... incapaz de girar la vista a la derecha para ver cómo estaba mi mujer. Imposible, todas las partes de mi cuerpo parecieran pesar cientos de kilos y por un instantes tuve esa sensación de los sueños en los que algo te persigue o quieres salir corriendo de algún sitio, todo te pesa y apenas puedes desplazarte unos centímetros.

Creo que el coche trazó un giro de casi 360º antes de salir despedido a la cuneta y una vez allí dos vueltas de campana para finalmente quedar volcado sobre unos matorrales. La última sensación antes de perder el conocimiento, mientras las bolsas del airbag se deshinchaban goteando sangre... la desesperación de sentir que todo acabó para siempre, cómo se desvanece la luz del recuerdo de aquellos proyectos, aquellas vidas, aquel amor...

...estoy vivo... Sigo vivo, quizás, para rogarte que cuando conduzcas pongas todos tus sentidos en el volante.

Hazlo...aunque sólo sea para seguir leyendo blogs, como éste!!!


Afortunadamente para mí, cualquier parecido con la realidad de este escrito ha sido pura casualidad.

Reflexionaba el otro día durante un trayecto de unos pocos 65 kilómetros que recorrí conduciendo, la cantidad de veces que por un motivo u otro ponía la vida en manos de la suerte, la casualidad, o cuanto menos en juego. Ya fuera, por los imprevistos movimientos de los demás conductores, mis despistes, las dificultades propias de la carretera, o cualquier otro factor inesperado. Así me vino a la mente ese "ángel de la guarda" que nos acompaña desde que giramos la llave de contacto, y que alguno se empeña en dejar atrás cuando pisa el acelerador más de la cuenta, con el posible desenlace que ello puede desgraciadamente materializar.

Saludos!
Foto de Jack

3 comentarios:

Capazorros dijo...

El problema no es la velocidad es como se usa esa velocidad.
Pasaba por aquí.

Bet del Mar dijo...

Juanjo, comparto contigo el hecho de que hay un conjunto de sucesos que son los responsables de que ocurra un siniestro. Ni la velocidad por si misma, ni el defecto en la carretera, ni la mala maniobra de un vehículo , sino la conjunción de sucesos es lo que produce el resultado. Claro, tratando de poner atención y sobre todas las cosas y responsabilidad, las probabilidades son mínimas. Como siempre, partimos de la base de la "psicología" del que conduce. Los objetos no se mueven por si solos, los movemos y manipulamos y depende quien y como lo haga será el resultado.
Un abrazo desde aquí y me quedo más tranquila leyendo el final, confieso que me estaba asustando a medida que leí el relato ;-)
BeT

JuanJo dijo...

Pues gracias por los comentarios y disculpa BeT por el sustito. En parte era la intención, en cierto modo buscando esa reflexión profunda que de vez en cuando merece la pena hacerse a la hora de conducir.
;-)

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