domingo, 27 de mayo de 2007

Paloma herida




Era un día cualquiera, gris pero sin lluvia, ni frío ni caluroso, una mañana cotidiana, un atasco rutinario más. Me sumía en la ausencia de la mirada perdida, esperando en un semáforo en rojo, y apenas presté atención a una paloma que volaba entre los coches...
Cruzaba por delante de mi parabrisas, cuando de repente detuvo su vuelo violentamente. Como si hubiera chocado contra una pared invisible, como si hubiera sido atravesada por una flecha, como si fuera víctima de un cazador furtivo, cayó en picado trazando circulos cerrados envuelta en sus propias alas como una pesada piedra cae al estanque ondulando la superficie del agua.

Fue a tocar el asfalto justo junto a la ventanilla, entre mi coche y el que esperaba al lado. La paloma aleteaba contra el suelo, aturdida, revoloteando en un desorden de plumas que parecía que cada ala no formara parte de un mismo cuerpo... Aquello me conmovió hasta el punto de hacer que la espera por que se abriera el semáforo pasara de la ansiedad por la prisa para ir a trabajar, a la angustia porque no se pusiera verde, ante el temor de que aquello acabara muy mal.
Cuando consiguió ponerse en pie, sólo encontró refugio bajo las ruedas del coche de al lado, presa de la desorientación y posiblemente de la debilidad. Mis ojos se habían tornado al pánico al ver que faltaban pocos segundos para que la luz cambiara a verde, que sería irremediable que esas ruedas comenzaran a girar y acabaran por aplastar a aquella ave herida.
Quizás serían estos pensamientos desesperados los que percibió el conductor de aquel coche, que habiendo sido espectador de todo como yo, y viendo cómo me pegaba a la ventanilla paralizado por la impotencia, salió y giró para ver qué sucedía bajo el coche, .... Esto sirvió para que la paloma intentara en un último esfuerzo, siguiendo su instinto de conservación, huir del humano y volar.

Con dificultad consiguió levantar el vuelo, hasta lo que llegué a ver por mi espejo retrovisor, consiguió llegar al otro lado de la calle. Así respiré con alivio justo en el instante que los coches empezaban a moverse.
De momento, había salvado la vida.

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